Manifiesto

Sin importar en qué parte del mundo nos encontremos si alzamos la vista y ningún obstáculo nos lo impide, todos contemplaremos nuestro espacio común, nuestro cielo. Es nuestro eterno acompañante y también un sincero reflejo de lo que ocurre bajo él. Ya que aunque la humanidad viva bajo el mismo cielo, cada persona verá el reflejo que cada sociedad, modelo de vida y entorno proyecte hacia él.

En este manifiesto damos voz al cielo de Madrid. Y su voz son sus colores:
Cada día una bóveda gris nos encierra palideciendo al azul.
Cada noche un manto de luz oscuro esconde todo un jardín de estrellas.

Estas dos imágenes ya forman parte de la cotidianidad madrileña, tan normalizada que forma parte de la seña de identidad de la ciudad. En cambio, Madrid siempre ha estado representada por las estrellas que ahora no podemos ver, las que queremos de nuevo con nosotros, las que nuestra Osa junto con su madroño, símbolo de Madrid, espera volver a ver brillar en el cielo. No es casualidad la conexión que nuestra ciudad tiene con las estrellas, ya que las siete estrellas que conforman la bandera de la Comunidad de Madrid son de la constelación de la Osa Mayor.

Las estrellas manifiestan con su ausencia que debemos recuperarlas. Son el síntoma del desequilibrio que la contaminación lumínica está generando en nuestra ciudad. Madrid es una ciudad brillante, tal es su intensidad lumínica, que se detecta desde el espacio pues envía su luz hacia la atmósfera 30km, hasta crear un halo que es «visible y detectable a más de 365 kilómetros de distancia».

La luz de Madrid ha eclipsado todo su ecosistema nocturno.

La contaminación lumínica en la Comunidad de Madrid ha aumentado un 50% desde 2000 a 2012, según el mapa completo del brillo del cielo nocturno en la región, realizado por investigadores de la Universidad Complutense (UCM).

El impacto social y ambiental que esta produce, genera una degradación en la salud de personas, en la fauna y en el patrimonio natural y cultural:

  • Especies amenazadas como las luciérnagas o el búho real, son víctimas de la alteración lumínica de su ecosistema. Ya no hay luciérnagas en Madrid, su luz las ha echado.
  • Los seres humanos pierden calidad de vida a causa de la alteración que las luces demasiado potentes producen al descanso, generando trastornos y desordenes en el sueño debido al mal alumbrado, que afecta de forma directa a sus hogares, vulnerando también su derecho a la intimidad. Sumando el uso en hora nocturna de dispositivos con luz.
  • La calidad del aire se ve afectada por el NO2 y el N0.
  • Desde el punto de vista astronómico en caso de querer disfrutar de un cielo estrellado y contemplar la vía láctea tenemos que desplazarnos casi 85 kilómetros de Madrid, según el estudio realizado bajo la iniciativa «Cities at Night» (Ciudades de noche).
  • El efecto de la contaminación lumínica es agravado por las partículas, aerosoles y gases que reflejan las ondas electromagnéticas.
  • Muchas de nuestras luminarias son de sodio, las cuales contienen Mercurio, sustancia que genera riesgo en su manipulación.

Es desde Moratalaz, distrito periférico de Madrid, donde lanzamos este manifiesto al Mundo. No podemos prescindir de la belleza que nos regala este planeta y su hermoso firmamento. Reivindicamos que cada rincón de nuestro planeta huérfano de estrellas tenga el derecho de recuperar su patrimonio estelar.

Principios

  • Todo ser humano tiene el derecho sin importar su localización, de poder ver las estrellas.
  • Todo territorio habitado por personas debe estar alumbrado de forma eficiente y adaptado a las necesidades específicas de cada espacio.
  • Más luz no significa mejor iluminación.
  • Alumbremos nuestros pasos, no nuestras fachadas.
  • Un cielo sin estrellas son niños que no podrán soñar con ellas.
  • Tener más luz en las carreteras no es sinónimo de seguridad, exceso de seguridad y confianza provoca mayor número de accidentes.
  • La luz por la noche es un complemento para convivir con ella, no para transformarla en el día.
  • La luz debe ser un avance en el desarrollo del ser humano, pero debemos armonizar progreso con respeto al medio ambiente.

     “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.”   Eduardo Galeano.